En una sala muy iluminada dentro de un edificio en la capital del estado, hay cubículos con computadoras y teléfonos, herramientas básicas para el grupo de docentes que las ocupan. Más allá, se nota que hablamos de maestras y maestros: las paredes están llenas de calendarios, dibujos de colores, notas, fechas, como cualquier aula de escuela. Solo que aquí no hay alumnos presenciales; a todos se les atiende por teléfono o de manera virtual.
“Una vez me tocó alguien que me dijo había pensado en llamar varias veces pero que se desanimaba porque creía que éramos robots contestando los teléfonos”, cuenta el profe Miguel sonriendo. “Tuve que decirle que no, que aquí no hay robots”.
No, lo que hay son docentes que creyeron en el proyecto y dejaron sus clases frente a grupo para formar parte del programa Mi Profe en Línea, una iniciativa del Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Educación, para ayudar a estudiantes de primaria y secundaria con sus tareas o dudas sobre algún tema.
“Es la forma que tenemos de ser un respaldo para las familias. A veces trabaja la mamá, el papá, o ambos y los niños se quedan con los abuelos, que ya no recuerdan temas de ciencias o matemáticas. Ahí entramos nosotros”, explica María Guadalupe Ramírez Cerrillo, coordinadora del Programa.
El éxito es tal, que ahora también imparten clases a grupos completos de manera virtual, mediante un calendario que se publica en la página web de la SEG donde se pueden consultar los temas y horarios.
“Conocí el programa por correo electrónico y lo comenté con mis hijas para invitarlas a entrar a una clase virtual, porque traíamos dudas con un tema de ecuaciones de primer grado y resolución de problemas. Estuvieron 15 días y la verdad es que es excelente, porque los dejan resolver, los orientan, los animan. Mis hijas eran de las que no querían participar, pero las animaron a hacerlo y la verdad es que vi que se entusiasmaban porque les dan confianza”, cuenta Faby, madre de dos estudiantes de primero y tercero de secundaria.
“Es otra manera de enseñar. Estábamos acostumbrados a tenerlos de frente y ahorita es a través de una llamada. Al principio fue difícil, pero buscamos las maneras de enseñar y que todo quede claro”, asegura la maestra Gaby.
“Hubo una vez que no había nadie en el aula, solo mis dos hijas y a ellas les daba pena, pero el maestro estaba ahí, nos dio acceso y dio la clase solo para ellas y dije: ¡wow! Este es un gran apoyo que ojalá aprovechen más mamás y papás”, señala Faby.
“A ningún estudiante se le piden datos”, agrega la maestra Michelle, quien recibe las llamadas, las distribuye dependiendo del tema y además, da clases de inglés.
“Primero establecemos un vínculo con el alumno, no les pedimos datos sensibles, únicamente su nombre, el municipio y de ahí partimos a presentarnos. Después vamos preguntándoles qué tanto saben del tema, si tienen conocimiento previo y si no es así, entonces buscamos generar preguntas detonadoras para determinar cuánto saben y así es como empezamos a construir”.
Este grupo de docentes atiende de lunes a viernes 11 am a 7 pm para que puedan contactarlos estudiantes de turnos tanto matutino como vespertino.
El reto de este grupo de docentes es grande: interactúan con estudiantes que no ven, hacen uso de todos los recursos que tienen a la mano: experiencia, conocimiento, tacto, sentido humano, mucha paciencia y ganas de enseñar.
A poco más de un año de haber comenzado, Mi profe en línea ha llegado al menos a 80 mil estudiantes. “Pero para nosotros, más allá de la estadística, es el cambio en el aprendizaje de las niñas y niños”, finaliza María Guadalupe Ramírez Cerrillo.
