Entre los personajes que han sido descubiertos en Cañada de la Virgen hay una figura que suele despertar una reacción inmediata entre los visitantes.
No se trata de una gobernante ni de un sacerdote.
Se trata de una niña.
Los arqueólogos estiman que tenía alrededor de siete años cuando fue enterrada en este centro ceremonial hace más de mil años.
Su hallazgo ocurrió cerca del sistema de desagüe de uno de los patios hundidos del complejo ceremonial. Ahí fue localizada en posición fetal, acompañada por una rica ofrenda y por los restos de un animal que los especialistas identifican como un perro o un coyote.
Junto a ella también aparecieron diversos objetos que hablan de la importancia que tuvo dentro de su comunidad.
Entre ellos destacaba un collar elaborado con figuras de mariposas, además de un pectoral y un cuchillo de obsidiana.
Nada en su entierro parece indicar una vida común.
Por el contrario, los arqueólogos consideran que formaba parte de un grupo de alta jerarquía dentro de la sociedad que habitó Cañada de la Virgen.
El nombre con el que hoy se le conoce surgió durante las excavaciones.
Según recuerdan quienes participaron en aquellos trabajos, cuando los restos comenzaron a salir a la luz, una fuerte lluvia obligó a detener temporalmente las labores arqueológicas.
La coincidencia fue suficiente para que recibiera el nombre de La Niña de la Lluvia.
Aunque bien pudo haber recibido otro nombre: La niña de las mariposas; porque junto a su cuerpo se encontró un collar esas figuras.
Lo cierto es que, desde entonces, así ha permanecido en la memoria del sitio.
Sin embargo, alrededor de ella siguen existiendo muchas preguntas.
Nadie sabe cuál era su nombre.
Tampoco quiénes fueron sus padres, qué papel desempeñaba dentro de su comunidad o qué circunstancias rodearon su muerte.
Lo que sí saben los investigadores es que fue depositada en uno de los espacios más importantes del recinto ceremonial, un privilegio reservado para muy pocas personas.
Más de mil años después, la niña continúa guardando sus secretos.
Y quizá por eso su historia resulta tan fascinante.
Porque mientras los visitantes observan las antiguas estructuras de piedra, es inevitable imaginar que alguna vez una niña recorrió estos mismos espacios, contempló este mismo paisaje y observó el mismo cielo que hoy cubre Cañada de la Virgen.
Si una niña y una mujer de alta jerarquía fueron enterradas en este lugar, ¿quiénes eran realmente las personas que habitaron Cañada de la Virgen?
Esa pregunta abre de manera natural el capítulo sobre los nuevos estudios genéticos y las investigaciones que buscan descubrir el origen de quienes vivieron en este antiguo centro ceremonial.

