Hay proyectos capaces de desafiar la gravedad.
Y hay otros que desafían algo todavía más difícil: el miedo, la incertidumbre y los propios límites.
Dafne Irazú Aguilar Ruiz, Fátima Monserrat Ramos López y Haziel Barajas Jiménez, estudiantes del Sistema Avanzado de Bachillerato y Educación Superior (SABES), plantel Valle de Jerez Vespertino de León, construyeron un Levitador Acústico, un dispositivo capaz de mantener pequeños objetos suspendidos en el aire mediante ondas ultrasónicas, sin contacto físico.
Lo que comenzó como un proyecto escolar para demostrar la existencia de las ondas terminó por convertir a los tres jóvenes como pioneros en un campo que apenas comienza a explorarse.
Haziel lo explica de manera sencilla, dice que se puede utilizar, por ejemplo, para la microquímica, la microbiología, la síntesis de fármacos sin necesidad de utilizar un recipiente: “Nuestra maestra nos comentaba de una idea que serviría para dirigir las piedritas de los riñones de zonas invasivas, donde duele mucho a zonas donde sea menos peligroso para que al paciente no le duela”.
A la par de este proyecto, otra cosa crecía: la confianza de estos jóvenes en ellos mismos, por su creación, por el apoyo que recibían de familiares, maestros y el sistema SABES.
Todo comenzó cuando Haziel recordó un artículo sobre levitación acústica que había leído tiempo atrás: “Pensaba presentar algo sencillo, pero luego me pregunté si podía hacer algo diferente. Después pensé que todavía podía hacerlo mejor.”
Aquella inquietud despertó el interés de sus maestras de ciencias y matemáticas, Erika Pimentel y Magda Negrete Gutiérrez, quienes no solo vieron un proyecto escolar, sino una oportunidad para llevar a sus estudiantes mucho más lejos.
Así, primero fue la etapa de zona, después la estatal. Más tarde el Concurso Nacional de Aparatos y Experimentos de Física en San Luis Potosí y finalmente INFOMATRIX Sudamérica 2026 en la ciudad de Quito, Ecuador.
El SABES comenzó una preparación mucho más exigente. La institución consiguió el equipo para construir el prototipo, impulsó el desarrollo del proyecto y respaldó económicamente los viajes que llevaron a los estudiantes, primero a San Luis Potosí y luego a Ecuador.
Era la primera vez que los tres salían del estado de Guanajuato. También era la primera vez que comprobaban hasta dónde podía llevarlos el conocimiento: “uno como estudiante no dimensiona todo lo que puede lograr con lo que aprende en la escuela”, recuerda Dafne.
En Ecuador obtuvieron la medalla de bronce. Un juez se acercó para felicitarlos y les dijo que, en su opinión, su proyecto merecía quizá una mejor medalla. Para los estudiantes del SABES el reconocimiento también llegó de otra manera: Ese trabajo despertó tanto interés que los tres recibieron una invitación de la Universidad de Guanajuato para continuar su preparación académica al concluir el bachillerato.
Haziel estudiará Ingeniería Física.
Dafne y Fátima cursarán Ingeniería Biomédica.
Para Fátima, aquella noticia significó mucho más que un lugar asegurado. Emocionada, recordó que tuvo que superar momentos personales y ahora recibían esta oportunidad: “jamás pensé que la Universidad de Guanajuato nos abriera las puertas.”
Haziel también está emocionado, además, tiene claro algo que es importante para cualquier investigador sin importar la edad: la curiosidad siempre es el primer paso de la ciencia, “nos dimos cuenta de que habíamos despertado la curiosidad de muchas personas.”
El Levitador Acústico seguirá evolucionando. La ciencia también. Pero quizá el mayor logro ya ocurrió: Tres jóvenes descubrieron que el conocimiento puede llevarlos mucho más lejos de lo que alguna vez imaginaron.
Y demostraron que, cuando la educación encuentra curiosidad, trabajo y confianza, también es capaz de desafiar la gravedad.

