Guanajuato, Gto.- En los cursos de verano de la Comisión del Deporte del Estado de Guanajuato (CODE) puede estar el próximo seleccionado estatal, nacional o incluso un futuro olímpico.
Lo difícil no es encontrarlo años después, cuando ya gana medallas, sino descubrirlo cuando apenas llega con una playera deportiva y ganas de jugar.
Cada verano, cientos de niñas, niños y adolescentes llegan a las instalaciones de la CODE buscando pasar unas semanas diferentes. Algunos quieren aprender a nadar, otros practicar futbol, box o atletismo; muchos simplemente buscan divertirse durante las vacaciones.
Las actividades se realizarán del 27 de julio al 14 de agosto en el Macrocentro León I, el Macrocentro Guanajuato, la Deportiva Las Joyas y el Centro Acuático de Dolores Hidalgo. Cada sede ofrece una combinación distinta de disciplinas deportivas, recreativas y artísticas para que las familias encuentren opciones acordes con los intereses de sus hijos. El año pasado llegaron 1,103 cursantes, este año esperan al menos 1,850.
Ese crecimiento también encuentra respaldo en la infraestructura deportiva de Guanajuato.
Las instalaciones de CODE recientemente fueron sede de competencias de la Olimpiada Nacional CONADE 2026, confirmando que cuentan con espacios aptos tanto para la iniciación deportiva como para el desarrollo de atletas de alto rendimiento.
Pero entre ellos también pueden encontrarse quienes, sin saberlo, están dando el primer paso de una trayectoria deportiva.
Durante tres semanas de verano las y los participantes prueban deportes que quizá nunca habían visto de cerca, al mismo tiempo que los entrenadores observan quién podría tener las condiciones para continuar al término de los cursos.
Uno de ellos es Guillermo Torres.
Entrenador de waterpolo en CODE Guanajuato desde 2008, acumula 18 años de experiencia formando deportistas. Casi dos décadas observando generaciones de niñas y niños le han permitido desarrollar un ojo clínico para reconocer, entre cientos de participantes, a quienes muestran condiciones para desarrollarse en una disciplina deportiva.
El paso de los años le ha enseñado como entrenador que el talento rara vez se anuncia solo. Muchas veces aparece escondido en pequeños detalles: la disciplina, la constancia, la forma en que un niño enfrenta la frustración o las ganas con las que vuelve al entrenamiento al día siguiente.
“Ya no me fijo solamente en las habilidades físicas. Observo cómo reaccionan, cómo enfrentan la frustración, cómo conviven y cómo responden cuando las cosas no salen bien”, explica.
Aunque habla desde su disciplina, Guillermo aclara que ese trabajo de observación no es exclusivo del waterpolo. Durante los cursos de verano, entrenadores de distintas especialidades permanecen atentos a quienes muestran aptitudes para integrarse posteriormente a entrenamientos permanentes.
En las albercas y espacios deportivos conviven la natación, clavados, natación artística y waterpolo; en los macrocentros se suman disciplinas como atletismo, basquetbol, futbol, rugby, voleibol, box, taekwondo, gimnasia artística, handball, tenis, recreación, juegos organizados y muchas más.
“Los niños llegan y ven todo un ecosistema deportivo. Mientras unos juegan waterpolo, otros entrenan clavados, natación artística o atletismo. Muchas veces descubren un deporte que ni siquiera sabían que existía y ahí empieza todo”, comenta.
A veces esa observación cambia una vida. Así comenzó la historia de Valentina Cabrera.
Llegó al Centro Acuático de León cuando tenía diez años. Ya sabía nadar y se incorporó a las clases de natación. Poco después fue invitada a conocer el waterpolo. Lo que llamó la atención de Guillermo no fue una marca extraordinaria ni una habilidad espectacular. Fue su disciplina.
“Desde que llegó, no falta. Viene diario. Hace caso. Le gusta entrenar.”
Seis años después, aquella niña que buscaba aprender un deporte forma parte del proceso de alto rendimiento y recientemente destacó con Guanajuato durante la Olimpiada Nacional CONADE 2026, donde el waterpolo estatal volvió a colocarse entre los mejores del país.
Historias como la de Valentina ayudan a explicar por qué un curso de verano puede representar mucho más que una alternativa para ocupar las vacaciones.
Para Guillermo, sin embargo, el mayor logro no siempre termina en una medalla.
“Lo más importante es formar personas de bien. Que los niños conozcan otras actividades, se alejen un rato de las pantallas, encuentren un deporte que les guste y descubran todo lo que son capaces de hacer.”

