Guanajuato, Gto.- La Alhóndiga de Granaditas es quizá una de las imágenes más reconocibles de la Independencia de México. La batalla ocurrida ahí el 28 de septiembre de 1810 marcó uno de los primeros grandes episodios de un movimiento que cambiaría el rumbo del país.
Pero, hablando de rumbos, para entender cómo llegaron hasta ahí Miguel Hidalgo y el naciente ejército insurgente habría que regresar sobre sus propios pasos.
Y para hacerlo existe una señal que todavía permanece en plazas y junto a edificios históricos de Guanajuato: son cabezas de águila.
En 1960, durante el gobierno del presidente Adolfo López Mateos y con motivo de los 150 años del inicio de la Independencia, fueron colocadas 260 estelas para marcar la ruta seguida por Miguel Hidalgo desde Dolores hasta Chihuahua.
Son monumentos sencillos que pueden pasar inadvertidos: una base de cantera rematada por la cabeza de un águila y, en uno de sus costados, una sola palabra: Libertad.
Pero guardan un detalle que muchos viajeros desconocen: el pico del águila señala el rumbo que siguieron Hidalgo y sus hombres, la ruta de la Independencia.
Más de seis décadas después, algunas permanecen ahí como eternos centinelas de un camino iniciado hace más de dos siglos.
Detrás de su creación hay también talento guanajuatense. Su diseño está ligado a los hermanos silaoenses Tomás y José Chávez Morado, dos grandes nombres del arte mexicano del siglo XX.
La primera de las 260 cabezas de águila se encuentra en la Plaza Principal de Dolores Hidalgo, a unos pasos de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores.
Ahí comienza el viaje.
La siguiente señal nos conduce hacia Atotonilco. A unos pasos del Santuario de Jesús Nazareno se encuentra otra cabeza de águila.
Al santuario se le conoce popularmente como la “Capilla Sixtina de México” por la riqueza de las pinturas que cubren sus muros y bóvedas. Vale la pena hacer una pausa en la ruta para entrar y conocerlo.
Fue en Atotonilco donde los insurgentes tomaron la imagen de la Virgen de Guadalupe que acompañaría al movimiento y se convertiría en uno de sus grandes símbolos.
El pico del águila continúa señalando hacia San Miguel el Grande, hoy San Miguel de Allende, donde el movimiento comenzó a adquirir una organización militar más definida con la participación de Ignacio Allende, Juan Aldama y otros hombres involucrados en la conspiración.

Antes de llegar a Guanajuato, la ruta continúa por Comonfort —entonces Chamacuero—, Celaya, Salamanca, Irapuato y Silao. En estas ciudades, las cabezas de águila vuelven a señalar el camino seguido por Hidalgo.
En Celaya ocurrió además un momento decisivo. El contingente que había salido de Dolores crecía rápidamente y comenzaba a adquirir la estructura de un ejército. Ahí Hidalgo fue reconocido como Capitán General y Allende como Teniente General.
El camino conduce finalmente a Guanajuato.
El 28 de septiembre de 1810, la marcha insurgente llegó hasta la Alhóndiga de Granaditas. Su toma se convirtió en uno de los primeros grandes enfrentamientos del movimiento y mostró la dimensión que había alcanzado aquella rebelión iniciada apenas 12 días antes en Dolores.
Frente a la Alhóndiga, por el lado de la explanada, permanece otra de las cabezas de águila.
Apenas recorrimos una parte del camino.
La ruta siguió hacia Valladolid, hoy Morelia, y regresó después a territorio guanajuatense por Acámbaro, donde Miguel Hidalgo fue nombrado Generalísimo. Desde ahí continuó hacia Maravatío y la campaña insurgente siguió avanzando por el centro del país.
Hoy las carreteras permiten hacer en unas horas recorridos que aquellos hombres realizaron durante días. Seguir su ruta ofrece una manera distinta de conocer Guanajuato: detenerse en sus plazas, entrar a sus edificios históricos, probar su gastronomía y descubrir que muchos de los lugares cotidianos de sus ciudades fueron escenario de acontecimientos que cambiaron la historia de México.
En estas fiestas patrias, recorrer la Ruta de la Independencia puede ser también una manera de volver a esos sitios, ahora para disfrutarlos y mirarlos con otros ojos.
Y ya conoces el secreto para no perder el rumbo:
busca el águila y sigue hacia donde apunta su pico.
