Cada año existe una noche que dura más que todas las demás, cuando las horas de oscuridad superan a las de luz y el Sol parece recorrer el camino más corto del año.
Y hace más de mil años, los habitantes de Cañada de la Virgen grabaron esa información en la orientación uno de sus edificios, a falta de aparatos o mecanismos para medir el solsticio de invierno
Aprendieron a leer el tiempo observando las estaciones, los ciclos agrícolas y el movimiento de los astros.
Para ellos, el movimiento del Sol, la Luna y las estrellas era mucho más que un espectáculo. Era una forma de comprender el tiempo, reconocer los cambios de estación y entender los ciclos de la naturaleza.
Los arqueólogos creen que una parte de ese conocimiento quedó plasmado en uno de los edificios más importantes del sitio: el Complejo B, mejor conocido como la Casa de la Noche Más Larga.
El nombre fue asignado por los investigadores durante los trabajos encabezados por la arqueóloga Gabriela Zepeda y hace referencia a una de sus características más llamativas.
La orientación del edificio mantiene una relación directa con el solsticio de invierno.
De acuerdo con el arqueólogo Omar Cruces Cervantes, es precisamente durante esa fecha cuando puede observarse cómo el sol se oculta detrás del basamento principal del complejo.
No se trata de una coincidencia.
La misma fecha aparece reflejada en otros espacios de Cañada de la Virgen, lo que indica que el conocimiento astronómico formaba parte de la planeación del asentamiento.
Para quienes construyeron este lugar, identificar la noche más larga del año debió ser algo importante.
No solo significaba observar el cielo.
Significaba comprender cuándo terminaba un ciclo y comenzaba otro.
El Complejo B conserva además otros elementos que hablan de la vida cotidiana y ceremonial de sus habitantes.
Cuenta con un patio hundido, estructuras habitacionales, un sistema para la conducción de agua pluvial y espacios que los especialistas relacionan con actividades rituales.
Muy cerca de este lugar fue localizada la tumba de una niña de aproximadamente siete años de edad, conocida hoy como La Niña de la Lluvia.
Su presencia recuerda que detrás de cada construcción existieron personas que observaron el mismo cielo que seguimos contemplando en la actualidad.
Más de mil años después, la Casa de la Noche Más Larga continúa planteando preguntas.
¿Cómo lograron identificar con tanta precisión los movimientos del Sol?
¿Qué otros conocimientos quedaron plasmados en la orientación de sus edificios?
¿Qué significado tenía para ellos la llegada de la noche más larga del año?
Quizá las respuestas se encuentren en el mismo lugar donde las buscaron quienes construyeron Cañada de la Virgen.
Mirando hacia el cielo.
Mientras los antiguos habitantes observaban el recorrido del Sol para comprender el paso del tiempo, otras historias también quedaron resguardadas entre estas construcciones.
En la siguiente entrega conoceremos la historia de una niña que fue enterrada junto a un coyote y que, más de mil años después, sigue despertando preguntas entre los arqueólogos.

